La Ermita Del Silencio

“El viento corre haciendo música con su paso por las montañas, el sonido del agua le hace segunda con su suave caída, aquí no hay conexión con el mundo exterior sólo contigo y tu universo interior”

Historia de una viajera…

Salgo muy temprano con rumbo al aeropuerto y antes de llegar allá me desvío a la izquierda y tomo Paso de Cortés, la carretera me lleva suavemente por prados y sembradíos, frente a mí el Popocatépetl se ve más cerca que de costumbre y eso me provoca una sensación de libertad, pues me alejo cada vez más de la cuidad. Cuarenta minutos antes de llegar a mi destino la bella carretera desaparece y un camino de terracería arruina el lavado de mi auto de hace tres días, pero nada de eso importa, yo sigo por la turbulenta e irregular vía.

Finalmente llego a las cabañas, ubicadas en la villa turística Buenavista, aquí te recibe un lago en el cual puedes pescar tus propias truchas, he de decir que es un buen lugar para meditar y empezar a sentirte en paz contigo; además de eso hay un restaurante económico y rico, hay mesas adentro y en la terraza que da a un riachuelo, la verdad vale la pena comer afuera aunque hay que ir preparados, la altura, humedad y cercanía con el Popo hacen del clima algo frío.

A partir de aquí tienes dos opciones, continuar tu camino en auto, por el cual llegas en 10 minutos o menos a la ermita, el camino es igual de terracería; o si eres aventurero y tienes buena condición te recomiendo terminar tu recorrido caminando, a lo largo de la subida hay tres miradores desde los cuales la vista al volcán te roba el aliento –aunque ahora que lo pienso puede que lo que me haya robado el aliento haya sido la caminata–

Entrando a la ermita, silencio y admira…

Una vez que llegas, por un lado te recibe su arquitectura franciscana repleta de un sinfín de detalles en cerámica, un acceso con tejado y una campana por la cual puedes anunciar tu llegada; por el otro lado, estás ante la inmensidad de la naturaleza y tienes tan cerca la cima del volcán que no queda más que rendirte ante la merced de tanta majestuosidad.

Este sitio, fundado hace más de 30 años de la mano de Fray Jeroni Genovert, es un sitio de reflexión, de admiración y reencuentro con uno mismo, la visita tiene una pequeña cuota de recuperación y puedes permanecer ahí el tiempo que quieras. Puedes caminar, sentarte cerca de la caída de agua, meditar, hacer oración, o puedes simplemente contemplar. El único requisito es apreciar el silencio. Cada fin de semana se realizan retiros espirituales allí.

Cuenta con un pequeño comedor, habitaciones, baños, y claro la capilla principal de meditación en la cual no hay luz ni bancas, sino un ventanal que deja entrar la luz natural y colchonetas que puedes ocupar si quieres hacer oración, aquí debes entrar descalzo pues es señal de humildad y respeto. La falta de bancas se debe a la creencia de que la mejor postura para la oración es con tu cuerpo cerca del piso, hincado o sentado, incluso acostado con las manos abiertas hacia el cielo.

Como este, existen muchos tesoros cerca de nosotros que no conocemos, te invito a que te aventures, en lugar de ir al cine o cualquier plaza comercial, sal de la rutina y atrévete a conocer este tipo de sitios que te aseguro no te arrepentirás de visitar.

Te va a enamorar!

Créditos: Revista Coemag

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